Hay ciudades que se enseñan con monumentos. Otras, con mercados. Y algunas, quizá las más entrañables, se dejan entender mejor por el postre. No parece una idea muy solemne, lo sé. Suena incluso un poco caprichosa, como si uno hubiera decidido convertir el turismo en pretexto para pedir una segunda rebanada de algo. Pero basta […]
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