Hay un tipo de hambre que no aparece en el estómago: aparece en la trama. Es esa necesidad misteriosa de algo crujiente justo cuando el personaje abre la puerta prohibida o cuando el villano, por fin, confiesa. Ironía cinematográfica: la película puede durar dos horas, pero la botana debe durar… mínimo la primera media hora. […]
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